Analógico

“Cuando se habla del espíritu libre de “los sesenta”, del flower power, los hippies, la música beat y la explosión de creatividad de la juventud, en rigor nos referimos a los años posteriores a las revueltas del Mayo Francés (1968). La consigna “la imaginación al poder” fue tomando cuerpo años después, es decir, en “los setenta”. Nuestro país no fue ajeno a ese despliegue de libertad (por lo menos hasta 1976) y fue en ese momento cuando Eduardo Pla comprendió que su instinto creativo iba a transitar por las artes visuales. En sus primeras obras se marca el bajo continuo que lo acompañará siempre, por un lado, el hecho de inspirarse en el arte, ya sea en la literatura, el cine o las artes visuales en general; y por el otro, una imaginación volcánica que le permite acceder a infinidad de temas y soportes. La novela de Lewis Carroll, “Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas” (1865), fue su inspiración para una experiencia fílmica, “Los sueños de Alicia” (1972), que sería seguida por otras más, no solamente en cine sino también en teatro y televisión (que en aquel entonces recién estrenaba color en la Argentina). Los planos multidimensionales de la narración literaria, las transformaciones de los personajes y ese mundo confuso y fascinante a la vez, años más tarde tomaría cuerpo en la pantalla de una computadora, donde Pla podría emular a Carroll, no con la palabra, sí con la imagen. Años más tarde el universo digital le permitirá citar, deformar, multiplicar, reducir (y todos los verbos imaginables) en su mundo y el de Alicia.” (Julio Sánchez)

Digital

“Entonces la reina Mab, del fondo de su carro hecho de una sola perla, tomó un velo azul, casi impalpable, como formado de suspiros, o de miradas de ángeles rubios y pensativos. Y aquel velo era el velo de los sueños, de los dulces sueños que hacen ver la vida de color de rosa”. Las palabras de Rubén Darío pertenecen a un cuento corto, El velo de la Reina Mab. ¿Quién es esta reina? En el folklore inglés, un hada que pasa por la nariz de los durmientes y los incita a soñar. No es difícil pensar que la reina Mab vaga una y otra vez por los circuitos invisibles de una computadora. En este aparato que todos manejamos, y del que casi desconocemos su mecanismo, Eduardo Pla comenzó a generar su obras desde los ’80 cuando residía en Italia.
Descubierto el universo cibernético, Pla cimentó su taller –por llamarlo de alguna manera- en un escritorio donde a lo largo del tiempo fueron pasando lo que antes se llamó “ordenador” y hoy computadora. Fotos de apenas unos años atrás muestran al artista rodeado de aparatos que hoy resultan obsoletos, como seguramente resultarán en poco tiempo los que hoy se denominan “última generación”. En la pantalla, en esos periféricos que algunas vez fueron monocromos y hoy táctiles, Pla sucumbió ante el vértigo de nuevos programas que le permitían crear su peculiar universo.
Gran parte de su producción es inmanente, una obra en potencia -por decirlo en términos de metafísica aristotélica que en el momento adecuado se podía imprimir en los soportes más dispares. Su trabajo nace en el espacio intimista de la computadora y suele terminar en la calle o en el espacio público y comunitario. El cuento del poeta nicaragüense narra cómo un escultor, un pintor, un músico y un escritor reciben la inspiración de aquella vieja hada inglesa. Pla logra sintetizar todo ese mundo, el de la Reina Mab (aquello que los hindúes llaman Maya y los budistas Bonno) en el Aleph vertiginoso de su computadora.” (Julio Sánchez)

Expandido

“Pocas expresiones tuvieron tanta fortuna en la crítica de arte como la de “campo expandido”. Fue definido por la teórica estadounidense Rosalind Krauss en un ya clásico artículo publicado inicialmente en la revista “October” en 1979, La escultura en el campo expandido. ¿A qué se refería? A la imposibilidad de seguir definiendo la escultura a partir de la especificidad de su soporte; ella sostenía que a partir de la ruptura de moldes, mixtificación, traspaso de géneros y juegos combinatorios, la escultura resultaba ser parte de un universo o espacio cultural, una “periferia de un campo en el que hay otras posibilidades estructuradas de una manera diferente”. A falta de un término específico que designe estas formas híbridas, Krauss propuso emplear el término “campo expandido” que hasta el presente también se ha utilizado en otras formas de expresión como cine, fotografía o pintura. La lista de objetos creados por Eduardo Pla en este capítulo de “campo expandido” es copiosa.
Los formatos son dúctiles, desde monumentos efímeros hasta objetos de pequeño formato. De todo este maremagnum de colores emerge claramente la forma esfera. Es más, hasta uno podría arriesgar a decir que es la Urbild o imagen primigenia que transita como un bajo continuo en toda su producción. La esfera se define como un cuerpo geométrico limitado por una superficie curva cerrada cuyos puntos equidistan de otro interior llamado centro. Este carácter expandible de la esfera -que en términos empíricos se puede verificar desde una gota de agua hasta un cuerpo celeste, como la Luna- tiene su correlato en el formato digital, pues cualquier archivo puede copiarse, ampliarse y reproducirse del mismo modo que la forma esfera. En la tradición simbólica, la esfera tiene connotaciones místicas asociadas a la divinidad, ya sea en Oriente, donde se considera un mandala (forma geométrica que alude a la totalidad no presentable), o en Occidente, donde muchos filósofos como Eckahrt, Böhme, Leibniz, Nicolás de Cusa, Fichte y Schelling, entre otros, siguen la idea de la divinidad como esfera. Pascal define a la divinidad como una esfera cuyo centro se halla dondequiera y la circunferencia en ninguna parte. Estos son los fundamentos filosóficos de la atracción que ejercen las múltiples obras esféricas de Eduardo Pla, pero incluso existen razones más cotidianas que también aportan. Todos los niños de todas las latitudes y de todos los tiempos han pateado una pelota como una forma primaria de diversión que permanece en el inconsciente colectivo en la pasión que despiertan los deportes de competición como el fútbol, entre otros. ¿De dónde proviene la fascinación por la esfera? Chi lo sa?” (Julio Sánchez)